el soñador va viajando en una nave espacial
donde el tiempo no pasa
y su familia es feliz
y tiene una novia feliz
y sonríe tranquilo
con la esperanza en las manos
sabiendo que pronto tendrá lo que desea
(que no es más que la misma esperanza),
el soñador viene a susurrarme de noche
que todo irá como en el mejor de los mundos posibles:
que no tendré ya más enfermedades
y que podré salir a cantar jazz en los teatros
y que juntos destrozaremos las camas
de todas las habitaciones
que queden en pie tras nuestra tormenta de arena,
el soñador me da el empujón
para que deje de pensar en oscuras tumbas
y en demonios internos que quieren acabar con mi cuerpo,
el soñador con su bolsa de arena
sopla los sueños en los que se transporta como pasajero solitario
y siempre,
siempre guarda los mejores para mí,
- es hora de que despiertes.-
me dice al llegar el día,
y yo despierto con los ojos muy abiertos
y en estado de vigilia no recuerdo quién es,
ni cuál es su verdadero nombre,
ni comprendo por qué está ahí conmigo
acariciándome el pelo:
sólo sé que despierto mejor a su lado.
martes 9 de junio de 2009
sábado 6 de junio de 2009
Isa lee a Améry
soy Yo la que está dentro de mi cabeza
como un alma acuosa brillando en un recipiente
o una mente lúcida en un cubo de plástico,
ese Yo encerrado en un cuerpo sin sexo
que lubrica en sueños deseos imposibles,
la impotencia del cuerpo,
el cuerpo que se escapa
como algo ajeno que está repulsivamente cerca,
un Yo que decide negar su más íntima exterioridad
cortándose el cuello frente a un espejo:
me despido con un adiós cercano entre miedo
y paz,
paz,
la irreversibilidad absoluta del tiempo
al alcance de esta mano,
una mano repudiada,
la libertad
de no ser nunca más.
el cuerpo muerto es objeto presente
sin un espíritu,
el espíritu
carga con el cuerpo vivo.
hasta que el cuerpo aguante.
la vida se niega a sí misma,
sólo consiste en acelerar una negación que pesa,
mi voluntad de poder tiene límites físicos,
he tenido una suerte estrellada,
me iré
a un cielo sin estrellas
dejando mi objeto
a los gusanos.
preferir la nada a lo que hay,
cuánto se ha criticado.
pero lo que hay no siempre es aceptable:
mi voluntad es voluntad de morir,
no soy cobarde,
no es una salvación,
ni una debilidad,
es esta imposibilidad de vivir
que me ha venido dada sin yo pedirla.
lo siento,
yo amo la vida demasiado,
pero ella no me corresponde.
la última pregunta es:
¿qué pesa más?
(el cuerpo,
siempre el cuerpo)
como un alma acuosa brillando en un recipiente
o una mente lúcida en un cubo de plástico,
ese Yo encerrado en un cuerpo sin sexo
que lubrica en sueños deseos imposibles,
la impotencia del cuerpo,
el cuerpo que se escapa
como algo ajeno que está repulsivamente cerca,
un Yo que decide negar su más íntima exterioridad
cortándose el cuello frente a un espejo:
me despido con un adiós cercano entre miedo
y paz,
paz,
la irreversibilidad absoluta del tiempo
al alcance de esta mano,
una mano repudiada,
la libertad
de no ser nunca más.
el cuerpo muerto es objeto presente
sin un espíritu,
el espíritu
carga con el cuerpo vivo.
hasta que el cuerpo aguante.
la vida se niega a sí misma,
sólo consiste en acelerar una negación que pesa,
mi voluntad de poder tiene límites físicos,
he tenido una suerte estrellada,
me iré
a un cielo sin estrellas
dejando mi objeto
a los gusanos.
preferir la nada a lo que hay,
cuánto se ha criticado.
pero lo que hay no siempre es aceptable:
mi voluntad es voluntad de morir,
no soy cobarde,
no es una salvación,
ni una debilidad,
es esta imposibilidad de vivir
que me ha venido dada sin yo pedirla.
lo siento,
yo amo la vida demasiado,
pero ella no me corresponde.
la última pregunta es:
¿qué pesa más?
(el cuerpo,
siempre el cuerpo)
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después de poemas desde el alféizar,
suicidios
Kavafis. Ítaca
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
jueves 4 de junio de 2009
Poema para Alberto
va caminando entre mucha gente
a la que no acaba de ver el rostro,
todos son demasiado hipócritas o demasiado inocentes
para sus inútiles manos de pianista
que no saben hacer otra cosa que pensar
formando unas notas brillantes que pocos comprenden
y nadie comparte,
de lucidez extrema corre a ponerle tildes al mundo
creyendo que los filósofos son los otros,
- los que siguen sus propios dogmas
o los fantasmas de la voluntad -,
pero él tiene todos los sentidos abiertos
sin caer en dioses ni poderes,
y eso está por encima de cualquier matema,
sea o no filosofía:
¿qué importa eso cuando uno es un héroe?.
su alma de niño llena de deseos color negro alquitrán
vuela por encima del suelo
y se posa en varias cinturas
mientras en silencio les reparte amargos suspiros
que acentúan el lodo de su soledad:
y qué es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitación*,
se pregunta constantemente esas preguntas de verdad
que no tienen respuesta alguna,
se pierde en cines laberínticos demasiado pequeños para su espíritu,
rompe en suaves caricias cuando duerme-vela
y todo eso tan lúgubre que parecía esconder,
tras ese pelo revuelto y esa ropa oscura,
sólo son los prejuicios de ojos que no saben mirar.
(la vida no tiene sentido,
pero A. seguirá hasta el final)
*Leopoldo María Panero, Ars Magna
a la que no acaba de ver el rostro,
todos son demasiado hipócritas o demasiado inocentes
para sus inútiles manos de pianista
que no saben hacer otra cosa que pensar
formando unas notas brillantes que pocos comprenden
y nadie comparte,
de lucidez extrema corre a ponerle tildes al mundo
creyendo que los filósofos son los otros,
- los que siguen sus propios dogmas
o los fantasmas de la voluntad -,
pero él tiene todos los sentidos abiertos
sin caer en dioses ni poderes,
y eso está por encima de cualquier matema,
sea o no filosofía:
¿qué importa eso cuando uno es un héroe?.
su alma de niño llena de deseos color negro alquitrán
vuela por encima del suelo
y se posa en varias cinturas
mientras en silencio les reparte amargos suspiros
que acentúan el lodo de su soledad:
y qué es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitación*,
se pregunta constantemente esas preguntas de verdad
que no tienen respuesta alguna,
se pierde en cines laberínticos demasiado pequeños para su espíritu,
rompe en suaves caricias cuando duerme-vela
y todo eso tan lúgubre que parecía esconder,
tras ese pelo revuelto y esa ropa oscura,
sólo son los prejuicios de ojos que no saben mirar.
(la vida no tiene sentido,
pero A. seguirá hasta el final)
*Leopoldo María Panero, Ars Magna
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el poema para Alberto
Poema de Alberto
VII. (Para Isa)
Tiene ojos que ven
Pero su lengua se traba
Escupiendo mariposas sin nombre.
En el eterno retorno
Siente nauseas
Caricias de sombras
Sangre errante de sirenas.
Odiando la necrosis y los dioses
Se refugia en un muro de las lamentaciones
Besando manos de difuntos,
Pensantes, casi vivos,
Páginas incompletas de una nada que quiere ser.
Un cuerpo minúsculo en la aurora
Sosteniendo todo un Universo
De nebulosas azuladas,
De sexos que gorgotean en poemas conjuntos
Mientras el fuego enerva las venas.
La infinitud de los espacios vacíos
Es una burla a la piel de los ángeles
Y mientras entreabre su boca
Durmiente
Va cayendo en su pecho la luz del mediodía.
Tiene ojos que ven
Pero su lengua se traba
Escupiendo mariposas sin nombre.
En el eterno retorno
Siente nauseas
Caricias de sombras
Sangre errante de sirenas.
Odiando la necrosis y los dioses
Se refugia en un muro de las lamentaciones
Besando manos de difuntos,
Pensantes, casi vivos,
Páginas incompletas de una nada que quiere ser.
Un cuerpo minúsculo en la aurora
Sosteniendo todo un Universo
De nebulosas azuladas,
De sexos que gorgotean en poemas conjuntos
Mientras el fuego enerva las venas.
La infinitud de los espacios vacíos
Es una burla a la piel de los ángeles
Y mientras entreabre su boca
Durmiente
Va cayendo en su pecho la luz del mediodía.
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lunes 1 de junio de 2009
silencio
me gustaría entenderlo,
pero soy demasiado pequeña para ti.
dos ojos oscuros con un secreto permanente
se acercan,
se alejan,
y una ya no sabe lo que quiere después
ni se atreve a preguntar.
no es una historia de amor
ni de amistad,
es algo distinto que se resume
en dos o tres momentos fugaces
y un sólo enigma sin resolver.
y al final ya no recuerdo cómo empezó todo
ni por qué sigo con este veneno:
eso es lo absurdo.
sólo sé que está terminando
gracias a mí,
no pregunto,
no me preocupo,
yo,
un gran ego
en un pequeño cuerpo
que no vive,
los otros
esos inútiles
que no saben
darme el empujón.
pienso demasiado
y hago demasiado poco
y Wittgenstein decía a sus alumnos:
abandonad la filosofía.
tenía sus razones,
y comprendía
y yo no comprendo lo que hay detrás
de la opacidad de tus dos ojos
y no me atrevo a preguntar.
incordio,
molesto,
teorizo,
la tarea del buen filósofo.
cállate ya, tonta de los cojones
no dejas respirar.
¿tienes vida?
búscate una
e invéntate un sentido.
demasiado esquizofrénica,
esto no se hereda,
ni se justifica con nada.
cállate,
acepta ese silencio.
pero soy demasiado pequeña para ti.
dos ojos oscuros con un secreto permanente
se acercan,
se alejan,
y una ya no sabe lo que quiere después
ni se atreve a preguntar.
no es una historia de amor
ni de amistad,
es algo distinto que se resume
en dos o tres momentos fugaces
y un sólo enigma sin resolver.
y al final ya no recuerdo cómo empezó todo
ni por qué sigo con este veneno:
eso es lo absurdo.
sólo sé que está terminando
gracias a mí,
no pregunto,
no me preocupo,
yo,
un gran ego
en un pequeño cuerpo
que no vive,
los otros
esos inútiles
que no saben
darme el empujón.
pienso demasiado
y hago demasiado poco
y Wittgenstein decía a sus alumnos:
abandonad la filosofía.
tenía sus razones,
y comprendía
y yo no comprendo lo que hay detrás
de la opacidad de tus dos ojos
y no me atrevo a preguntar.
incordio,
molesto,
teorizo,
la tarea del buen filósofo.
cállate ya, tonta de los cojones
no dejas respirar.
¿tienes vida?
búscate una
e invéntate un sentido.
demasiado esquizofrénica,
esto no se hereda,
ni se justifica con nada.
cállate,
acepta ese silencio.
miércoles 20 de mayo de 2009
Han desaparecido las webs de filosofía: Heideggeriana y Jacques Derrida gracias a la perversión absurda del capitalismo cognitivo
Horacio Potel a juicio por difundir filosofía en Internet, lo que faltaba...
Hola, a todos:
Mi nombre es Horacio Potel, tengo 49 años, me divierte la filosofía, empecé a estudiarla ya de grande, como un hobby al principio, pero el pasatiempo me fue apasionando cada vez más. Siempre tuve un cierto carácter coleccionista, y de niño mi gran colección era mi biblioteca. En 1998 me compré una computadora después de ahorrar todo un año. Todo me parecía maravilloso, pero sobre todo la Web, era para mí el sueño del pibe, podía tener acceso a tantas cosas que antes solo podía soñar, libros agotados, reproducciones de obras de arte, que antes solo podía ver de "prestado" en las librerías, ya resignado a no tener jamás esos hermosos y carísimos libros. La lectura que hice de la web en ese primer momento, en ese primer encuentro, en ese instante del conocimiento, fue: acá están todas las posibilidades ya no habrá más escasez de bienes culturales, con esta herramienta una parte inmensa del conocimiento humano puede estar disponible para todos.
Un planteo un tanto ingenuo, desde luego, pero bueno nunca fui bueno para los negocios y no pensé a la web, como debería pensarla todo ciudadano consciente de su pertenencia al capitalismo: un almacén de ventas de baratijas. Para mí era más que evidente que al menos en el campo de la filosofía, todas las obras de todos los filósofos y en general toda la producción filosofía, podía y debía estar on line. Recuerden ustedes que yo estudiaba filosofía y entonces estaba sujeto a horas perdidas tratando de encontrar artículos de revistas que no estaban en ninguna biblioteca, libros que no se publicaban hace décadas porque no era redituable hacerlo. Las revistas de papel especializadas en filosofía me parecían una pérdida de tiempo una especie de locura. Sacar 100 ejemplares de una revista, para que con suerte fuera archivada en dos o tres bibliotecas donde las comería el tiempo, se me ocurría un gasto loco de trabajo desperdiciado, pudiendo colocarse toda esa producción on line de forma tan fácil y barata, soñaba con poner a los empleados de todas las bibliotecas universitarias a digitalizar textos, pero claro, la ley 11723 ley del año 1933, no contempla medidas de privilegios o excepciones para las bibliotecas, éstas están impedidas de copiar su propio material, aún si es para fines de preservación. Si hay que creerles a los carteles que suelen adornar los libros, el préstamo mismo estaría prohibido y no sería de extrañar, si esta embestida de las corporaciones que se creen dueñas de la cultura no para, que las mismas bibliotecas se vean obligadas a pagar derechos de autor o se vean obligadas a cerrar. Cómo ha pasado con dos de mis tres bibliotecas on line especializadas en filosofía. El derecho al acceso a la infor¬mación es algo que al parecer a nadie le importa en esta época de barbarie. Barbarie que al menos en Argentina no para de crecer. Se está acabando con conquistas que uno suponía eran la herencia intocable de la Ilustración y que no eran más que un espejismo. Ahora hay que estar explicando los motivos por los cuales uno decidió difundir filosofía en la Web, sin intentar sacarle dinero a nadie, porque eso es visto como un delito, una locura, una forma de terrorismo y una rebeldía adolescente. La gente de bien no se plantea estas cuestiones. La lógica del don, para los mercaderes es subversiva. Porque además ¿quién es este que se mete a decidir qué hacer público o que no, cuando ese siempre fue nuestro papel, nuestro privilegio y nuestro monopolio? Así piensan las corporaciones del libro de papel y el sinnúmero de pseudo - instituciones y publicaciones y eventos y ferias que lucran con el negocio de la venta de "cultura". Todo esto para contar que no hice ni pretendía nada raro, sólo subir a la web, en forma ordenada y con cierto control de calidad todo lo que pudiera encontrar sobre los filósofos que me apasionaban. Las posibilidades técnicas convirtieron por sí solas a estas "bibliotecas" en máquinas privilegiadas para la producción cultural, dando la posibilidad de buscar en instantes un término en toda la obra de un filosofo, tener linkeado en el texto no sólo la cita sino el texto al que se alude, o las distintas versiones de una misma conferencia, no sólo en castellano, como fue la idea original, sino particularmente en el caso de Derrida, también en francés. No sé si a mis colegas o a los estudiantes estas herramientas -que hoy ya no están en la web- les habrán sido de utilidad -al parecer sí, teniendo en cuenta los mensajes de solidaridad que he recibido de todo el mundo- pero para mí eran imprescindibles, teniendo esos textos en mi computadora, el trabajo empezaba igualmente siempre en la web, las distintas formas de ordenación del material así como la posibilidad de usar buscadores, reducían el trabajo en horas a la vez que producían el encuentro de lo no esperado dado su carácter maquínico: no era yo solo tratando de recordar y asociar, era yo más la maquina. Supongo que estos artefactos deberían darle a su “autor” -en este caso a mí- algún derecho, pero parece que no, han sido borrados por el capricho de una editora francesa que no trabaja en Argentina y que no sabe qué hacer para demostrar su codicia, su egoísmo, su afán apropiador. Dicen en los diarios que esta editorial me conminó a bajar todos los sitios, no se limitó a hacer una demanda por los cinco o seis libros de Derrida -entre cientos- que alguna vez publicó, no, yo según ellos, y a una orden de ellos, debería sacar todas las obras de Derrida, cuyo copyright no les pertenece, así como las de Heidegger y Nietzsche. El resto es conocido: Minuit le escribió al agregado “cultural” de la embajada de Francia en Argentina y este señor para defender la cultura francesa terminó con el lugar más visitado y completo dedicado a la obra de uno de los principales filósofos franceses del siglo XX. La Cámara Argentina (o francesa, ya no sé) del Libro, hizo una denuncia que fue tomada con inusitado vigor por fiscales argentinos, así que una triple alianza de Corporaciones patronales, embajadas neocoloniales y poder judicial argentino, se juntaron para bajar de la web sitios que difundían filosofía y de paso joderle la vida al boludo, loco y terrorista que había tenido la idea de compartir las herramientas que usaba para trabajar en filosofía. Porque el trabajo de profesor de filosofía tiene como una de sus obligaciones la escritura, no hay la menor necesidad de tentar a nadie con los ridículos derechos de autor que podría recaudar una obra sobre el ser en el Heidegger tardío, las obligaciones del oficio obligan a escribir. En este campo la mentira que dice que los derechos de autor fomentan la producción intelectual no se hace solo evidente sino hasta insultante, pensar que Nietzsche o Hölderlin escribían para cobrar dos mangos de derechos de autor, como si fueran vulgares autores de libros de autoayuda, da la idea de los valores con los que se mueven estos mercachifles.
La cultura el conocimiento, la tradición no son la obra de "autores" es curioso que los mismos señores que han terminado con las ideas ilustradas del sujeto libre y soberano, para vendernos el sujeto sujetado al consumo, apelen a la metafísica de la subjetividad a la hora de buscar más dinero. Es curioso que lo hagan en este caso ya que tanto Heidegger como Derrida, hoy censurados y prohibidos en la web, se han opuesto a esta idea de una subjetividad creadora como origen y causa de la "Obra". No hay átomos privilegiados por la Musa repartiendo la luz entre masas pasivas. No hay átomos y la constitución del “autor” como cualquier otra se con-forma con la alteridad que la preexiste. Heidegger y Derrida han señalado cómo antes de constituirse o en la constitución misma de algo así como un sujeto, de algo que diga “yo”, todo un mundo previo ya preexiste, que estamos formados antes de ser, por la herencia y la tradición, la transmisión, la pervivencia del mensaje, aún más para Derrida todo empieza con una llamada un “Ven” el ven es el envío llamando a los envíos, el primer mail exigiendo la correspondencia en la que somos, correspondencia con el otro que está siempre antes. Cortar los envíos, es la muerte, y es esto los que los militantes fundamentalistas del copyright quieren imponer en la Web, quitándole todo potencial para domesticarla como instrumento de venta de baratijas. Pero como alguna vez dijo Derrida: "Heredo algo que también debo transmitir: ya sea algo chocante o no, no hay derecho de propiedad sobre la herencia". Es esta herencia que no le pertenece a nadie y que nos forma a todos, esta herencia que es el don común sobre el que se construye lo nuevo, lo que se está atacando al atacar la difusión y el acceso de todas y todos a la misma. Es lógico la herencia de la filosofía, del pensamiento crítico es demasiado peligrosa para los hombres del mercado, puede hacer creer no necesitamos de tutores ni de encargados para atrevernos a saber, tal como en la lejana época en que la burguesía era aún ilustrada, quería el viejo Kant.
Hola, a todos:
Mi nombre es Horacio Potel, tengo 49 años, me divierte la filosofía, empecé a estudiarla ya de grande, como un hobby al principio, pero el pasatiempo me fue apasionando cada vez más. Siempre tuve un cierto carácter coleccionista, y de niño mi gran colección era mi biblioteca. En 1998 me compré una computadora después de ahorrar todo un año. Todo me parecía maravilloso, pero sobre todo la Web, era para mí el sueño del pibe, podía tener acceso a tantas cosas que antes solo podía soñar, libros agotados, reproducciones de obras de arte, que antes solo podía ver de "prestado" en las librerías, ya resignado a no tener jamás esos hermosos y carísimos libros. La lectura que hice de la web en ese primer momento, en ese primer encuentro, en ese instante del conocimiento, fue: acá están todas las posibilidades ya no habrá más escasez de bienes culturales, con esta herramienta una parte inmensa del conocimiento humano puede estar disponible para todos.
Un planteo un tanto ingenuo, desde luego, pero bueno nunca fui bueno para los negocios y no pensé a la web, como debería pensarla todo ciudadano consciente de su pertenencia al capitalismo: un almacén de ventas de baratijas. Para mí era más que evidente que al menos en el campo de la filosofía, todas las obras de todos los filósofos y en general toda la producción filosofía, podía y debía estar on line. Recuerden ustedes que yo estudiaba filosofía y entonces estaba sujeto a horas perdidas tratando de encontrar artículos de revistas que no estaban en ninguna biblioteca, libros que no se publicaban hace décadas porque no era redituable hacerlo. Las revistas de papel especializadas en filosofía me parecían una pérdida de tiempo una especie de locura. Sacar 100 ejemplares de una revista, para que con suerte fuera archivada en dos o tres bibliotecas donde las comería el tiempo, se me ocurría un gasto loco de trabajo desperdiciado, pudiendo colocarse toda esa producción on line de forma tan fácil y barata, soñaba con poner a los empleados de todas las bibliotecas universitarias a digitalizar textos, pero claro, la ley 11723 ley del año 1933, no contempla medidas de privilegios o excepciones para las bibliotecas, éstas están impedidas de copiar su propio material, aún si es para fines de preservación. Si hay que creerles a los carteles que suelen adornar los libros, el préstamo mismo estaría prohibido y no sería de extrañar, si esta embestida de las corporaciones que se creen dueñas de la cultura no para, que las mismas bibliotecas se vean obligadas a pagar derechos de autor o se vean obligadas a cerrar. Cómo ha pasado con dos de mis tres bibliotecas on line especializadas en filosofía. El derecho al acceso a la infor¬mación es algo que al parecer a nadie le importa en esta época de barbarie. Barbarie que al menos en Argentina no para de crecer. Se está acabando con conquistas que uno suponía eran la herencia intocable de la Ilustración y que no eran más que un espejismo. Ahora hay que estar explicando los motivos por los cuales uno decidió difundir filosofía en la Web, sin intentar sacarle dinero a nadie, porque eso es visto como un delito, una locura, una forma de terrorismo y una rebeldía adolescente. La gente de bien no se plantea estas cuestiones. La lógica del don, para los mercaderes es subversiva. Porque además ¿quién es este que se mete a decidir qué hacer público o que no, cuando ese siempre fue nuestro papel, nuestro privilegio y nuestro monopolio? Así piensan las corporaciones del libro de papel y el sinnúmero de pseudo - instituciones y publicaciones y eventos y ferias que lucran con el negocio de la venta de "cultura". Todo esto para contar que no hice ni pretendía nada raro, sólo subir a la web, en forma ordenada y con cierto control de calidad todo lo que pudiera encontrar sobre los filósofos que me apasionaban. Las posibilidades técnicas convirtieron por sí solas a estas "bibliotecas" en máquinas privilegiadas para la producción cultural, dando la posibilidad de buscar en instantes un término en toda la obra de un filosofo, tener linkeado en el texto no sólo la cita sino el texto al que se alude, o las distintas versiones de una misma conferencia, no sólo en castellano, como fue la idea original, sino particularmente en el caso de Derrida, también en francés. No sé si a mis colegas o a los estudiantes estas herramientas -que hoy ya no están en la web- les habrán sido de utilidad -al parecer sí, teniendo en cuenta los mensajes de solidaridad que he recibido de todo el mundo- pero para mí eran imprescindibles, teniendo esos textos en mi computadora, el trabajo empezaba igualmente siempre en la web, las distintas formas de ordenación del material así como la posibilidad de usar buscadores, reducían el trabajo en horas a la vez que producían el encuentro de lo no esperado dado su carácter maquínico: no era yo solo tratando de recordar y asociar, era yo más la maquina. Supongo que estos artefactos deberían darle a su “autor” -en este caso a mí- algún derecho, pero parece que no, han sido borrados por el capricho de una editora francesa que no trabaja en Argentina y que no sabe qué hacer para demostrar su codicia, su egoísmo, su afán apropiador. Dicen en los diarios que esta editorial me conminó a bajar todos los sitios, no se limitó a hacer una demanda por los cinco o seis libros de Derrida -entre cientos- que alguna vez publicó, no, yo según ellos, y a una orden de ellos, debería sacar todas las obras de Derrida, cuyo copyright no les pertenece, así como las de Heidegger y Nietzsche. El resto es conocido: Minuit le escribió al agregado “cultural” de la embajada de Francia en Argentina y este señor para defender la cultura francesa terminó con el lugar más visitado y completo dedicado a la obra de uno de los principales filósofos franceses del siglo XX. La Cámara Argentina (o francesa, ya no sé) del Libro, hizo una denuncia que fue tomada con inusitado vigor por fiscales argentinos, así que una triple alianza de Corporaciones patronales, embajadas neocoloniales y poder judicial argentino, se juntaron para bajar de la web sitios que difundían filosofía y de paso joderle la vida al boludo, loco y terrorista que había tenido la idea de compartir las herramientas que usaba para trabajar en filosofía. Porque el trabajo de profesor de filosofía tiene como una de sus obligaciones la escritura, no hay la menor necesidad de tentar a nadie con los ridículos derechos de autor que podría recaudar una obra sobre el ser en el Heidegger tardío, las obligaciones del oficio obligan a escribir. En este campo la mentira que dice que los derechos de autor fomentan la producción intelectual no se hace solo evidente sino hasta insultante, pensar que Nietzsche o Hölderlin escribían para cobrar dos mangos de derechos de autor, como si fueran vulgares autores de libros de autoayuda, da la idea de los valores con los que se mueven estos mercachifles.
La cultura el conocimiento, la tradición no son la obra de "autores" es curioso que los mismos señores que han terminado con las ideas ilustradas del sujeto libre y soberano, para vendernos el sujeto sujetado al consumo, apelen a la metafísica de la subjetividad a la hora de buscar más dinero. Es curioso que lo hagan en este caso ya que tanto Heidegger como Derrida, hoy censurados y prohibidos en la web, se han opuesto a esta idea de una subjetividad creadora como origen y causa de la "Obra". No hay átomos privilegiados por la Musa repartiendo la luz entre masas pasivas. No hay átomos y la constitución del “autor” como cualquier otra se con-forma con la alteridad que la preexiste. Heidegger y Derrida han señalado cómo antes de constituirse o en la constitución misma de algo así como un sujeto, de algo que diga “yo”, todo un mundo previo ya preexiste, que estamos formados antes de ser, por la herencia y la tradición, la transmisión, la pervivencia del mensaje, aún más para Derrida todo empieza con una llamada un “Ven” el ven es el envío llamando a los envíos, el primer mail exigiendo la correspondencia en la que somos, correspondencia con el otro que está siempre antes. Cortar los envíos, es la muerte, y es esto los que los militantes fundamentalistas del copyright quieren imponer en la Web, quitándole todo potencial para domesticarla como instrumento de venta de baratijas. Pero como alguna vez dijo Derrida: "Heredo algo que también debo transmitir: ya sea algo chocante o no, no hay derecho de propiedad sobre la herencia". Es esta herencia que no le pertenece a nadie y que nos forma a todos, esta herencia que es el don común sobre el que se construye lo nuevo, lo que se está atacando al atacar la difusión y el acceso de todas y todos a la misma. Es lógico la herencia de la filosofía, del pensamiento crítico es demasiado peligrosa para los hombres del mercado, puede hacer creer no necesitamos de tutores ni de encargados para atrevernos a saber, tal como en la lejana época en que la burguesía era aún ilustrada, quería el viejo Kant.
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